Reseña Felicidad en A golpe de efecto

La compañía Tenemos gato estrena ‘FELICIDAD’ su sexto montaje después de: La naranja completa, Y estoy guapa, A bombo y platillo,  De pelo y pluma y ¿Cuchara o tenedor?, además de realizar una incursión cinematográfica con Seis y medio. Ahora, con FELICIDAD nos ofrecen un trozo de vida, con sus alegrías, sus tristezas, sus dudas, sus miedos, etc., desde la cercanía que ofrece la auténtica realidad.

La propuesta cuyo texto corre a cargo de Homero Rodríguez Soriano y Cristina Rojas cuanta con la aportación de las improvisaciones de Raquel Mirón, Enrique Asenjo, Homero Rodríguez y Cristina Rojas lo que confiere a la obra una sensación de credibilidad y realismo muy efectivo, que además se nos presenta perfectamente medido por la dirección de Cristina Rojas (con Raquel Mirón como ayudante de dirección).

Tod@s buscamos la felicidad, aunque para cada persona signifique algo diferente, y es precisamente de esto de lo que trata esta obra, de relaciones humanas, de encuentros y desencuentros, de diferentes formas de ver, sentir e interpretar la vida. Y son estos temas, los que nos afectan a tod@s, los cotidianos y universales, los que nos convierten en cómplices de momentos comunes, siempre que son tratados con honestidad.

La propuesta comienza con buen tono y energía y nos va llevando por un camino transitado por dos parejas muy diferentes, pero con inquietudes y miedos similares, donde la forma de vivir y conceptualizar los temas importantes de la vida, se ponen ante nuestros ojos y que son vividos por cada uno de los miembros de estas dos parejas de forma diferente y más o menos madura. Dando igualmente, protagonismo a la manera en que cada uno de ellos es capaz de afrontar lo que ocurre en su vida y su positividad ante la vida. Siendo la cercanía y honestidad en la forma de tratar y hablar de las cuestiones cotidianas lo que engancha al espectador que se ve reflejado en alguna de estas aptitudes.

La escenografía, diseñada por Lúa Testa coloca a los protagonistas en un espacio escénico donde solamente encontramos unas sillas y pocos elementos más. La acción se sitúa en diferentes lugares y tiempos que se encuentran marcados en una especie de mapa dibujado en el suelo del espacio escénico. De esta forma, nada estorba a lo realmente importante, el texto y el movimiento del elenco que se mueve siguiendo las coreografías diseñadas por Ana Barcia.

Pero la acción se viste con más elementos, por un lado proyecciones de escenas que se van generando a tiempo real, cámara en mano (el presente) y por otro, proyecciones de escenas pregrabadas que corresponden con el futuro (imágenes tiernas, alegres, familiares e incluso algo empalagosas, creadas por Gema Segura, Ana Rodríguez, Rebeca Mayorga y Delia Márquez donde aparecen varios niñ@s). Además, existe una acertada selección musical que crea ambientes bien definidos, y un buen diseño de iluminación, que ayuda a enfatizar espacios y acciones, de Ana Rodríguez Aguilar.

El viaje es suave y agradable, aunque va bajando en intensidad a medida que se desarrolla la obra e incide de una forma insistente en el papel tradicional de la mujer como madre y compañera, sobre todo en el desarrollo de la parte final de la propuesta (obviando cualquier otro tipo de posibilidad, no es necesario recordar que más allá de la eleccion de la maternidad hay mucha más vida para la mujer).

El elenco formado por Raquel Mirón, Enrique Asenjo, Homero Rodríguez Soriano y Cristina Rojas (con la participación de los niños: Miguel Martín y Carlota Rodríguez en los videos) realiza un buen trabajo, los personajes están bien definidos y sus personalidades están muy marcadas, de forma que son fácilmente reconocibles. Todos los personajes, desde el más infantil, al más angustiado, pasando por el más gracioso o el más asustado, tienen su momento (tanto individual como colectivo) para definir sus miedos, dudas, incertidumbres, deseos, etc., ante el espectador, pero lo más importante es la forma sencilla, sincera, cercana y cómplice de expresión de cada uno de los personajes, que termina aportando una madurez al texto que va más allá del propio discurso de cada personajes (que en ocasiones puede parecer algo desbordado).

Una propuesta tan natural como la vida misma, donde la felicidad, más que un todo, es una aptitud que nos permita abrir la mente y el corazón a disfrutar de esos pequeño y maravillosos momentos que, a veces, la vida nos regala.

Fuente: Estrella Savirón para A golpe de efecto

Felicidad en Moobys

Felicidad es una reivindicación de la realidad: un intento de ser feliz en la madurez; una reflexión sobre las metas y la gestión de la felicidad.

Tenemos gato presenta su primera obra original tras varios años trabajando con textos del dramaturgo Luis Felipe Blasco. Ahora da un gran salto en su trayectoria con su sexto montaje, un proyecto autogestionado por Cristina Rojas y Homero Rodríguez.

Felicidad: naturalidad en un espacio íntimo

La historia tiene lugar en distintos lugares a través de un juego de luces, pintadas en el suelo y proyecciones que se manejan con una cámara de vídeo. La compañía malagueña apuesta por la naturalidad y la sencillez; la intimidad es tal que, en ocasiones, parece un ensayo del grupo. El equilibrio interpretativo de los cuatro actores es perfecto y con solo salir a escena, se puede ver el inmenso trabajo que tiene detrás.

“Ella quiere hacer el amor, él ahora no puede. Otro él quiere que le escuchen, otra ella quiere ser madre. Ella quiere viajar, él también. Ella y él llevan sin estar solos tres años. Ella y él tienen un hijo. Otro él no quiere ser padre. Ellos y ellos van a Lisboa. Felicidad”.

Un texto; improvisaciones; reescritura; música y escenografía: amor; soledad; sexo; feminismo y maternidad; familia; relaciones personales… son algunos de los temas principales de la comedia y es que a pesar de tratarse de un drama en toda regla, la compañía da un giro y apuesta por el humor.

¿Era así como imaginabas tu vida?

Y tú ¿eres realmente feliz? Esa es la verdadera cuestión. Igual no lo eres del todo pero te esfuerzas en serlo, escondes tus miedos y sentirte solo comienza a ser rutinario pero vive en tus silencios… El tiempo pasa, las relaciones cambian y el amor también cambia… ¿Entonces qué? Tenemos Gato insiste en que la felicidad está donde tú quieras que esté, pero también te anima a buscarla y a no conformarte con lo que crees que debe ser tu vida.

Felicidad en la Revista Pop Up Teatro

Felicidad: aire fresco.

Definir de forma unívoca la felicidad es ardua tarea. Empresa tan compleja como realizar la misma operación con conceptos como paz, justicia, amor, libertad,… Y sin embargo, pese a su inconcreción, su significado relativo, sus límites imprecisos y su alcance ilusorio, es quizás el principal motivo por el que cada individuo de nuestra sociedad se levanta cada mañana. Por supuesto, nuestra idea de felicidad depende en gran medida de nuestra cultura, religión, educación, sexo,… Y edad. Cada fase de nuestro periplo vital conlleva unas metas, incógnitas, retos y satisfacciones propias del momento en que nos encontremos. Y justo desde aquí parte Felicidad, espectáculo basado, en palabras de la propia compañía, en la reflexión teatral sobre el intento de ser feliz en la tardía madurez de hoy.

Felicidad es un drama disfrazado de comedia, una forma de adentrarse en un tema lleno de aristas, pero desde la frescura más absoluta. Los diálogos son de una familiaridad, sencillez y naturalidad apabullantes, con un trabajo interpretativo de gran nivel en su conjunto, que aporta a las escenas un aire de cotidianidad, generando en el espectador la ilusión de estar delante de una escena de la vida misma, tal cual, sin deformación ninguna, con conversaciones donde no se dice nada, pero en las que subyace todo un mundo. Se nota el papel que han tenido las improvisaciones en el proceso creativo, siempre desde un punto refrescante y atrevido. Trasladarnos de lo mundano a lo elevado (que no divino) no es tarea sencilla, y la compañía Tenemos gato lo consigue de manera sutil y edificante.

Si bien es cierto que el tema no es ninguna novedad, y que los conflictos planteados no conllevan una profundización excesiva en el trasfondo filosófico inherente, además de ciertos tópicos inevitables cuando se trata de estos temas, la propuesta escénica no aporta tanto por el qué, sino por el cómo. La función comienza mientras observamos a las actores como tal, asistiendo en vivo y en directo a su conversión paulatina en los personajes. De la misma forma veremos las transiciones entre escenas, los cambios de vestuario, las elipsis temporales, los juegos escénicos, todo de forma premeditadamente artificial, así como la escenografía, a base de sillas y taburetes a los que, de forma no realista, se les da diferentes usos.

Esta planificación minuciosa de exponer los recursos teatrales ante los ojos del público, no solo haciéndolos visibles, sino haciendo especial hincapié en ellos, contrasta de forma notoria con el naturalismo extremo de las interpretaciones, con un resultado efectista y efectivo. Dicha conjugación, de lo natural y lo artificial, resulta armónica, lógica y fluida, tarea nada sencilla, fruto sin duda de un encomiable trabajo de dirección. Es la suma de todos estos elementos la que hace de Felicidad una apuesta por una función dinámica, atrevida en cierto punto, cercana, motivadora, honesta y necesaria. Se agradece.

Fuente: Nacho León para Revista Pop Up Teatro

Felicidad en la Revista Godot

“Felicidad, qué bonito nombre tienes…”. Suenan los acordes en mi cabeza de la inolvidable canción de La Cabra Mecánica y recuerdo aquellos días en los que aún bailaba. Hoy todavía bailo, de vez en cuando, pero no es igual. Ahora, a mis casi 40, normalmente estoy ya en la cama cuando la música suena fuera y la juventud se divierte. Yo he crecido, he madurado, estoy en otras etapas de la vida y vivo mucho de recuerdos. También al escribir sobre este montaje de la Compañía Tenemos Gato recuerdo lo mucho que me gustó cuando lo vi hace unos meses en mi añorado Espacio Labruc. Y lo mucho en lo que te hace pensar. Felicidad es una reflexión teatral sobre el intento de ser feliz en la tardía madurez de hoy. Raquel Mirón, Enrique Asenjo, Homero Rodríguez Soriano, Cristina Rojas y los niños Miguel Martín y Carlota Rodríguez protagonizan este montaje que aborda temas complejos. Sin tapujos. A las claras. Es como meterte en las historias de todas aquellas personas que cada día se cuestionan qué rumbo está tomando sus vidas. Si de verdad están haciendo lo que quieren, si están consiguiendo las metas y los sueños que se marcaron en la juventud… Si son felices viviendo así.

“Felicidad, vete tú a saber dónde te metes…”. Es agosto y el lugar donde vivo está de fiesta. Una fiesta en la que antes yo campaba a mis anchas y la nostalgia empieza a invadirme mientras escucho lejana la orquesta ya a oscuras en casa. Pero me doy la vuelta en la cama y estiro un brazo. Alcanzo a tocar un cuerpo cálido que me devuelve a mi realidad. A la realidad de donde verdaderamente quiero estar ahora. Mi felicidad.

Fuente: Sergio Díaz para Revista Godot

Felicidad en el Diario Crítico

Felicidad, tan lejos y tan cerca.

Tengo para mí que eso que todo el mundo llama felicidad y que, de un modo u otro, hombres y mujeres pretendemos alcanzar, está mucho más cerca de las pequeñas cosas de cada día, que de ese golpe de suerte vinculado a la lotería, la quiniela o las múltiples formas de juego cuyos mensajes publicitarios nos bombardean día a día desde los medios y las redes.

Con esta misma óptica se presenta en el Lara ‘Felicidad’, un montaje dirigido por Cristina Rojas, partiendo de un texto escrito por Homero Rodríguez Soriano y la propia Cristina Rojas. En él, dos parejas treintañeras, con cierto recorrido vital a sus espaldas, y ambas atravesando sendas crisis de relación personal, cuentan en el escenario con una naturalidad envidiable las causas profundas -que pueden anotarse en eso que llamamos el “día a día”- de sus crisis de pareja. En el caso de una de ellas, con una hija de poco más de dos años, y con casi una década de convivencia, no encuentran el momento adecuado de intimar (puede sustituirse también el término por “retozar”…) alegremente sobre el lecho conyugal, por mil y una circunstancias que van desde la obsesión por la actividad física del chico, hasta el hastío de ella por el fracaso permanente en sus intentos. La otra pareja basa sus discrepancias en la conveniencia o no de ir a buscar un hijo desde ya, como quiere la mujer, o esperar sine die, como pretende su chico.

Ellos son hermanos. Ellas apenas se conocen. Ambas parejas viven en los dos extremos de Europa, y pasan años antes de verse. La oportunidad surge casualmente cuando la primera planifica un viaje personal a Lisboa, mientras la segunda, desde Finlandia, su lugar de residencia, aprovecha un viaje de trabajo de él, para reunirse con su hermano y su mujer. Ahí explotará todo y las pequeñas diferencias de pareja se convertirán en muros difícilmente salvables…

Los intérpretes de ‘Felicidad’ son Raquel Mirón, Enrique Asenjo, Homero Rodríguez Soriano y Cristina Rojas. Los diálogos y las situaciones son frescas, reconocibles por todos que, de uno u otro modo, hemos podido vivir episodios similares, y la proximidad física del público a los actores en la Sala Lola Membrives, la pequeña del Lara (por cierto, con los mismos y molestos problemas de audición por el sonido que se cuela desde la sala principal, en donde ese mismo día y a esa misma hora se está representando simultáneamente La llamada…), provocan que el público se sienta rápidamente identificado con los actores y las aventuras vitales en las que se ven envueltos.

La función es especialmente acogida por las parejas jóvenes que, en su inmensa mayoría ocupan las butacas de la sala, y asisten divertidos y cómplices con lo que ven en un espacio ya marcado sobre la alfombra (Finlandia, Madrid, Lisboa…), en donde los actores cambian de indumentaria en el propio escenario, y se trasladan de un espacio a otro, y de uno a otro día, sin más transición que los distintos cortes musicales y la luz que los define. Y todo ello entre unas cuantas sillas y taburetes que marcan al tiempo el salón de sus respectivas casas, el bar de un hotel o la oficina.

‘Felicidad’ es, en fin, un drama con forma de comedia, con diálogos impregnados de chispa, naturalidad y frescura que subraya situaciones muy comunes entre parejas jóvenes que tienen que lidiar con problemas de conciliación familiar, relaciones de pareja, la inestabilidad laboral, la amistad, la lealtad, la infidelidad y la hipocresía social. Ellos, como todos en realidad, andamos buscando eso que Pablo Neruda dijo que podríamos encontrar donde menos nos esperamos: “Algún día, en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo y esa, solo esa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”.

Fuente: José Miguel Vila para Diario Crítico

Reseña de Felicidad en ‘Todos al teatro’

Felicidad, un drama con tintes de comedia.

‘Felicidad’ es un montaje de Tenemos gato que se está presentando en el Teatro Lara, escrita por Cristina Rojas y Homero Rodríguez, quienes también participan en la obra, bajo la dirección de la propia Cristina Rojas; una historia donde cuatro personajes andan en busca de la felicidad, un concepto muy subjetivo que depende de lo que desea y busca cada persona, en este caso, cada personaje.

El público entra a la sala. En el espacio escénico solo se encuentran unas sillas. En unos minutos aparecen los actores: Cristina Rojas, Raquel Mirón, Homero Rodríguez y Enrique Asenjo, quienes salen sonrientes, se miran, se abrazan, se dicen algunas palabras, vuelven a reírse y se cambian de ropa para convertirse en los cuatro personajes que confesarán sus penurias en busca de la felicidad.

La pieza es una reflexión teatral sobre el intento del ser humano de ser feliz durante la madurez. Una contundente realidad que se pasea por las relaciones de pareja, amistad y conciliación familiar. Cabe destacar que la pieza se estrenó en enero del 2017 en el Teatro Cervantes de Málaga, dentro del XXXIV Festival de Teatro con el público en el escenario, consiguiendo la cercanía y verdad que persigue la compañía.

La puesta en escena cuenta con un juego escénico  muy bien estructurado, dividido en pequeñas escenas donde primero habla una de las parejas, mientras la otra está sentada en un costado escuchándolos; luego se entrelazan entre ellos y más tarde les tocará confrontarse a los cuatro en escena, con interrogantes y dudas que tambaleará la estabilidad emocional de todos.

Los espectadores hilan poco a poco la vida de los protagonistas, enterándose de sus pasados, necesidades y anhelos. Y es que las relaciones humanas son muy complicadas, y mientras sumamos años en nuestro expediente, tenemos más anécdotas para contar, reír o llorar, añadido a eso el deseo de vivir y ser felices. Pero la receta no funciona para todos por igual varía de acuerdo a la persona.

Realmente un montaje fresco que transcurre en 90 minutos y donde el tiempo pasa veloz sin perder ritmo. Donde las actuaciones son tan naturales como magistrales, saltando de la risa a la insatisfacción en segundos, y es que no hay mejor manera para decir la verdad que riendo para no llorar. Con diálogos inteligentes que atrapan de principio a fin a los asistentes, quienes siempre están expectantes ante algún elemento sorpresa.

Se aplaude el trabajo de interpretación bien realizado que se pasea del drama a la comedia, y donde luego de la gran reflexión los actores rompen la cuarta pared para preguntarle a algunos espectadores, de forma directa, si todo está bien: “¿qué tal? ¿Cómo lo han pasado?, bien, ¿Cómo te sientes?”.

Luego de haber sido testigos de cómo ella quería hacer el amor, pero él ahora no podía. Otro él quiere que le escuchen, otra ella quiere ser madre. Ella quiere viajar, él también. Ella y él llevan sin estar solos tres años. Ella y él tienen un hijo. Otro él no quiere ser padre. Ellos y ellos van a Lisboa. Felicidad.

Fue una hora y media donde se plantearon interrogantes como: “¿Era así cómo imaginábamos nuestra vida? ¿Era esto lo que me apetecía hacer? Creía que el hombre de mi vida iba a creer en el amor verdadero ¿debo ser madre? Me gusta mucho bailar, escuchar música, tocarla. Te echo tanto de menos que me duele”. La vida misma es un suspiro. Desde Todos al Teatro elogiamos el excelente trabajo de Felicidad, una entrega actoral que no se pueden perder en el Teatro Lara.

Fuente: Mayelit Valera para Todos al teatro

Felicidad en ‘Butaca de primera’

En algunos momentos la vida parece sonreirte pero sientes la necesidad de escapar, de que algo te falta y que tu vida te acorrala en un lugar que no deseas. Existen otros momentos en que todo se pone en contra pero decides que hay que mirar a los problemas de frente y afrontarlos con valentía y mucho ánimo. Estas dos caras de la misma moneda se encuentran en esta preciosa historia que nos hará descubrir lo complicado que es encontrar la felicidad.

La compañía Tenemos gato es la creadora de esta intensa historia sobre los problemas y los miedos a madurar (sobre todo en el caso de los hombre, más proclives al síndrome Peter Pan). La compañía fundada en 2008 por Cristina Rojas y Homero Rodríguez, afrontan con este su sexto montaje teatral, al que hay que añadir una película, “Seis y medio”. Autores ambos del texto, la dirección corre a cargo de Cristina Rojas (que también se encarga del vestuario). Para esta nueva aventura les acompañan Raquel Mirón y Enrique Asenjo, con la participación de dos niños que salen en las proyecciones pero no aparecen en escena.

 

No siempre es necesario abordar temas especialmente rebuscados ni tramas de demasiada complejidad, la vida es lo suficientemente entretenida para poder hablar sobre ella largo y tendido. Con la sencillez de quien aborda algo cotidiano, los autores hablan sin tapujos de temas tan importantes como el amor, la maternidad, la familia y el miedo al compromiso. La franqueza con la que se plantean las situaciones cotidianas, sin darles más vuelta de hoja de las que le da la propia vida, es uno de los mayores atractivos de la obra y una de las señas de identidad de esta compañía que habla de lo cotidiano de una forma clara y concisa.

 

Dos parejas que viven situaciones diametralmente opuestas pueden llegar a encontrar lugares comunes de miedos y de sueños incumplidos. Esto es lo que le ocurre a estos dos hermanos y a sus respectivas parejas, que en situaciones muy distintas afrontan la vida de muy distinta manera. Nunca se puede hablar de una felicidad absoluta, por eso en esta obra incluso la pareja “feliz” tiene graves problemas de convivencia. La maternidad, la conciliación familiar, la pareja como ente indisoluble que piensa y actúa a la vez…todos estos temas son tratados de forma clara y rotunda al hablar de una de las parejas.

 

El tema de la maternidad también sobrevuela a la segunda pareja, pero desde una perspectiva muy distinta. Ellos viven fuera de España, y a la dureza de estar en un país ajeno se le une en este caso el del desempleo que azota a uno de ellos. Pese a una situación mucho más dura y desalentadora, afrontan la vida con mucha más positividad, intentando apoyarse en uno en el otro para tirar para adelante. Personajes muy distintos los cuatro, pero con miedos y fobias comunes que se irán descubriendo a lo largo de la obra.

 

La propuesta, tanto en el contenido como en la forma es absolutamente realista, tanto que nos vemos reflejados en la mayoría de las situaciones que pasan. El texto se trabajó con improvisaciones que ayudaron a reescribir (y seguramente potenciar más) el guión. La idea ha funcionado de maravilla, ya que la cercanía de los personajes a nosotros mismos, hace que lo vivamos todo mucho más intensamente. Los hombres y sus relaciones superficiales (en las que parece que nos da miedo hablar de temas importantes o abrirnos para contar lo que sentimos), las madres que sólo hablan de su bebé recién nacido mientras el padre esquiva el tema (como cualquiera importante), la angustia ante el desempleo o el miedo situaciones que nos superan y no sabemos como afrontar.
Los cuatro actores están, cada uno con un rol muy marcado, a gran nivel. Cristina Rojas es una madre entregada a su familia (sobre todo a su hijo) casi de forma obsesiva. La actuación “acelerada” de Rojas resulta apabullante (el monólogo sobre el bebé es bestial). Por contra, Homero Rodríguez vive asustado, sin saber muy bien que quiere de la vida y si era esto a lo que aspiraba. No sabe que le sobra o que le falta, sólo la angustia de que algo no le deja ser feliz. Enrique Asenjo es el personaje más cómico, en el papel del hermano emigrante. Vive en un constante engaño, manteniendo una pose divertida de persona despreocupada para no tener que mostrar sus miedos. Su pareja, interpretada por Raquel Mirón vive hundida y no tiene muy claro por donde salir, ya que parece que todo está en su contra.

 

Otro de los puntos fuertes de este montaje es la escenografía, diseñada por Lúa Testa. La soledad de unas sillas y un montón de dibujos en el suelo van cobrando vida según avanza la obra, haciendo de cada espacio de la escena un lugar especial. La sencillez en este caso ayuda al conjunto, huyendo de parafernalias y centrando todo en la sencillez de un texto…llamémosle cotidiano.
La escenografía se apoya con una pantalla en la que los propios actores graban en momentos puntuales a sus compañeros, en una idea muy potente que, a mi parecer, es una pena que no cobre más importancia dentro del desarrollo de la obra.
La elección de los temas musicales (mención especial para Radiohead) son de una elegancia que marca cada una de las escenas, creando ambientes muy distintos con los acordes que nos trasladan de Madrid a Lisboa, pasando por Finlandia.

 

El conjunto es una delicia, por su sencillez pero sobre todo por su sinceridad. La compañía quita todo lo superfluo, tanto en el texto como en sus propias interpretaciones, para mostrarse tal y como son. Un ejercicio de sinceridad que llega a asustar al vernos tantas veces reflejados en las cosas que van sucediendo. Historias minúsculas, que no lo son tanto, que nos llegan muy dentro con la proximidad con nuestro ambiente cotidiano.
La Felicidad es una reflexión sobre la vida, el amor, la familia, la sociedad, pero también es una manera distinta de hacer teatro, capaz de hablar de cosas del día y hacerlo como si estuviesen en el jardín de casa. Si las escenas se hubiesen desarrollado en la calle todo sería verosímil, no había ni una pizca de impostura, todo destilaba realidad y verdad.

Felicidad en el Diario Sur

Tristeza y ‘Felicidad’, como la vida misma.

Pregunta: «¿Qué tal? ¿Todo bien?». Respuesta: «Sí, todo bien». Un diálogo cotidiano, conciso y directo. Seguro que usted vivió un escena parecida ayer y hoy la volverá a repetir. Y es probable que, en un porcentaje muy alto de las ocasiones, ni preguntara con interés ni respondiera la verdad. ‘Felicidad’, la obra que ayer estrenaba Tenemos Gato en el Cervantes dentro del Festival de Teatro de Málaga, pone en escena lo que hay detrás de ese (en apariencia) inofensivo ‘bien’, todas las preocupaciones, inseguridades y miedos que no se dicen, aunque quien interpele sea la pareja o el hermano.

‘Felicidad’ es el título de la obra, y eso es precisamente lo que no hay en las relaciones de las dos parejas que se suben al escenario. O quizás sí. Porque, ¿qué es la felicidad?, ¿cómo se conquista?, ¿se puede ser feliz sin saberlo? Ninguno de ellos, en la franja que va de los 30 a los 40, tiene la vida que había imaginado, soñado, planeado… Ella quiere hacer el amor y él ahora no puede, pero la niña se acaba de quedar dormida y ese instante se convierte en un ‘ahora o nunca’. Otro él quiere que le escuchen, aunque no se atreva a hablar claro de lo que le pasa; mientras otra ella quiere ser madre, pero quizás no sea el momento.

Situaciones reconocibles

Situaciones, como la frase del principio, cotidianas, en las que más de uno en su silla se reconocía y reaccionaba con una risa a medias o una sonrisa torcida. Porque ‘Felicidad’ es un lobo con piel de cordero, un drama que Tenemos Gato (que ya abordó con realismo la vida en pareja en su película ‘Seis y medio’) viste de comedia, porque con humor las verdades entran mejor.

Los actores Rojas, Rodríguez, Mirón y Asenjo.
Los actores Rojas, Rodríguez, Mirón y Asenjo. / Daniel Pérez / Teatro Cervantes

El tono realista del argumento se traslada a la puesta en escena. El público rodea a los actores sobre el escenario del Teatro Cervantes, alrededor de 130 personas sentadas en gradas instaladas sobre las tablas con el auditorio vacío en el lateral o a las espaldas, , según el caso (se hubiera agradecido tener esas vistas de frente al espectador, aunque probablemente complicara la producción técnica). De esta forma, la acción sucede a escasos metros y las voces suenan más naturales. Como en la calle. Y todo lo que se ve es lo que hay: unas cuantas sillas son casi los únicos elementos de atrezzo sobre una alfombra que sirve ingeniosamente para delimitar los espacios.

Cristina Rojas y Homero Rodríguez firman el texto que interpretan ellos mismos (la pareja 1) junto a Raquel Mirón y Enrique Asenjo (la pareja 2). Y los cuatro destacan en sus interpretaciones, a la que han puesto parte de ellos mismos. Sin ir más lejos, Rojas –que debuta aquí en la dirección teatral– se adjudica un papel que conoce bien como madre de una pequeña que pelea por la conciliación. Porque la obra se centra en la relación de dos parejas, pero por el camino habla de la incomunicación en general, de la maternidad, del paro, de las expectativas incumplidas, de las ilusiones… De tristeza y ‘Felicidad’, como la vida misma.

Fuente: Regina Sotorrio para Diario Sur (Málaga)

Felicidad en el diario Málaga Hoy

Después de pasadas y fecundas alianzas con directores y dramaturgos de sonora solvencia, la compañía Tenemos Gato ha decidido dar un salto notable en su trayectoria con Felicidad, un proyecto autogestionado en el que Cristina Rojas y Homero Rodríguez asumen todas las decisiones artísticas y que, tras alguna tentativa previa, tuvo ayer su estreno en las tablas de un Cervantes coquetamente acotado. Las alianzas se establecen en esta ocasión con otra pareja de actores, Enrique Asenjo y Raquel Mirón, para un proyecto armado esencialmente a partir de improvisaciones; si ésta ha sido desde siempre una herramienta bien aprovechada por la compañía, la intención al respecto es ahora mucho mayor. Y es precisamente la intuición puesta en juego para convertir la intuición en drama el elemento, tal vez, más valioso del invento, por cuanto desnuda hasta la última prenda mecanismos de transición que habitualmente quedan ocultos en pro de una mayor ilusión del espectador. Asistimos así a un trabajo valiente que exhibe hasta al fondo la cocina del proceso escénico y que deja a los actores sin algunos de sus más recurrentes parapetos; y es todo un acierto, en este sentido, el aprovechamiento de esta fragilidad expuesta para un mayor rendimiento de la comedia. En un momento dado, el personaje (la construcción de los personajes, por cierto, sigue igualmente procesos harto significativos en la medida en que los intérpretes no tienen más remedio que darse sin ocultar nada) de Cristina Rojas aboga por reivindicar la realidad, y justo de esto se trata, tanto en la vida como en el teatro. Detrás de Felicidad hay una tarea de investigación meritoria, dirigida principalmente a la cristalización de sentimientos por encima de cualquier presunción relativa al dichoso arte dramático. Aquí hablamos de teatro, que es distinto. La entrada en juego de recursos como la proyección de imágenes grabadas en vídeo in situ refuerzan esta connotación de verdad, de instante único percibido y compartido, de tiempo concertado en el que la interpretación se convierte, casi, en confesión. Sí, hablamos de teatro, pero de un teatro vivo, que apura hasta las heces su naturaleza efímera para crecerse en lo que se quiere decir y decirlo bien, sin trampas ni atajos. Un teatro brindado como un abrazo.

En Felicidad se dan las inquietudes generacionales de la madurez, los cambios y las decisiones, los miedos y las incertidumbres antes de ocupar un lugar que ya difícilmente podrá modificarse. La comedia fluye con soltura desde un planteamiento narrativo de cierta índole costumbrista en unos cauces escénicos que no lo son en absoluto. Quizá, precisamente, es en los elementos más apegados a una presuntahistoria de personajes donde Felicidad relaja un tanto sus mayores hallazgos (a veces, la convención dramática y algunos elementos externos como la música funcionan más como una concesión de lo que se pretendía evitar que como una convicción del proyecto), pero en todo momento prevalece, intacta, la medida humana con la que acontecen todas las cosas. El reparto sale airoso del reto, con las responsabilidades bien repartidas y los equilibrios bien medidos (Homero Rodríguez regala momentos impagables, certero y preciso al aportar todavía más verdad a los cambios de rumbo). Y de esto se trata: más allá del consabido retrato generacional y de la identificación con la que los espectadores puedan darse por aludidos, Felicidad es una obra en la que aparentemente no pasa nada y en la que pasan muchas cosas bien calibradas y en su sitio; en la que los acontecimientos, ya sean óptimos o desastrosos, se reciben siempre en el orden propio del corazón. Y es de agradecer que de vez en cuando suceda esta poética tan sencilla y común como exigente y rigurosa. No había más opción que salir del estreno canturreando por Jobim, Tristeza nao tem fin, felicidade sim. Y esperar que alguien real nos acoja en alguna parte.

Fuente: Pablo Bujalance para el diario Málaga hoy